domingo, 12 de septiembre de 2010

La Poesía de Pompeyo del Valle

Miembro de la “Generación del cincuenta”, el aporte de Pompeyo del Valle (Tegucigalpa, 1929) ha sido decisivo en el rumbo que en las últimas décadas ha tomado la poesía hondureña a la cual ha sumado los títulos siguientes: La ruta fulgurante (1956), Antología mínima (1958), El fugitivo (1963), Cifra y rumbo de abril (1964), Nostalgia y belleza del amor (1970), Monólogo de un condenado a muerte (1978), Ciudad con dragones (1980) y Duración de lo eterno (1989).

1. La ruta fulgurante
Toda obra literaria plasma, en cualquiera de sus opciones, la relación entre el escritor y el grupo social. Para el “realismo crítico”, el artista, si es auténtico, tiende a reflejar las contradicciones existentes en la sociedad. Pompeyo del Valle, en una de las facetas de su trabajo, lleva a la práctica el conocido principio luckacsiano, indispensable para entender La ruta fulgurante, una obra con un trasfondo esencial: la gran huelga bananera del 54, hecho que significó un avance cualitativo en el movimiento obrero de Honduras y cuyo eco de optimismo y de fe en el poder de la organización popular es fácilmente percibible en todo el libro:

Estamos aquí
para ser su eco (se refiere a la “voluntad popular”)
para hacerla triunfar.
vivimos con el pueblo,
en él, por él,
diciendo con palabras concisas
las resoluciones de los hombres.
………………………………………………………..
Nuestras canciones son anchas como la Tierra
y las incorporamos a nuestra dura,
terrible lucha.
Unimos nuestras voces
-enlazados por la dialéctica viva del combate-
a las de todos los seres oprimidos.
Ya no soñamos sino sueños posibles
e inscribimos nuestros nombres
en las decisivas, proletarias banderas.

Contra una postura aislacionista, el poeta recuerda el compromiso del escritor con los sectores populares, enfrentados a la “dura/terrible lucha” de la cual el artista (“eco” de la voluntad popular”) no puede abstraerse. La confrontación social antagónica y el papel que en su solución le corresponde al intelectual, inscrito “en las decisivas, proletarias banderas”, se objetivan con nitidez y constituyen temas recurrentes en La ruta fulgurante.

A casi cuarenta años de haber sido escritos, después de escuchar ideas similares en canciones y proclamas, versos como los transcriptos pueden sonar a clichés. Pero en 1956 eran impactantes. Traducían el momento de euforia política y –lo que es más relevante- estaban respaldados por la militancia política del autor. La confluencia teórica-práctica avalaba la creación poética. Tanto en planos estéticos como humanos, los versos de Pompeyo del Valle asumían el rol de un manifiesto.

En La ruta fulgurante encontramos el germen de lo que posteriormente constituirá el aporte más significativo de Pompeyo del Valle a la lírica hondureña: el de la poesía intimista, atenta a la capacitación de los movimientos sutiles del espíritu. Una poesía cuya fuerza radica en el fondo emocional que la sustenta. En este libro, un ejemplo, no totalmente logrado, es “Elegía para una perrita llamada Lassie”:

Tú no lo sabes, Lassie, pero así,
así, sencillamente como tú, así, pequeña Lassie, sobre el mundo
todos los días mueren muchos hombres.

Ante esas muertes el poeta se rebela. También lo hace por los “muchos dolores” que “deambulan silenciosos por las calles”. Pompeyo del Valle no se conforma con el sufrimiento. Pretende acabar con las causas sociales que lo provocan o lo intensifican. Por ello, La ruta fulgurante, hasta en el título, es un libro de carácter combativo. Justamente, por esta razón, con relativa frecuencia, deriva hacia un tono grandilocuente y enfático dirigido expofresamente sobre el lector para obtener una respuesta de éste: su toma de conciencia de la situación existente en el país. En este sentido, la intención utilitaria de la poesía es evidente y lastra muchos de los textos. Pero en el libro –como señala Galel Cárdenas- se percibe “sinceridad”, “vitalidad” y “autenticidad política”. Estas virtudes –en poemas como los comentados- explican el porqué del papel que Pompeyo del Valle ocupa en nuestras letras.

2. El fugitivo

El fugitivo, pese a la aparente negatividad del título, se enmarca en la misma atmósfera de La ruta fulgurante. Poesía de militancia revolucionaria y de sinceridad desbordante que expresa el gozo de vivir y exalta la libertad, la solidaridad, el amor, el trabajo, la unidad popular y la capacidad transformadora del hombre. Poesía en donde –como contraparte- se rechaza la explotación y se denuncia la persecución política.

3. Cifra y rumbo de abril

Con ilustraciones de Alvaro Canales, siete breves poemas (134 versos) conforman Cifra y rumbo de abril, libra cuya dedicatoria –a Manuel Cáliz Herrera y Juan Pablo Wainwright- se encuentra en consonancia con el contenido: a manera de mural, al cumplirse diez años de la gran huelga bananera, el poeta (como lo hace Canales con la primera ilustración) proclama su validez: expone las condiciones sociopolíticas del país; ratifica la necesidad de la lucha popular; recuerda a un dirigente muerto y señala a instituciones que polarizan el antagonismo de clase (“Ejército asesino” – Partido Comunista).

4. Nostalgia y belleza del amor

Veinticuatro poemas encontraremos en Nostalgia y belleza del amor. “Estudio de mi madre”, “Estudio de una niña”, “Estudio de un gato”, “Muchachas de los internados”, “Niños del arroyo”, “Enigma”, “Memoria de esta luz”, “3 canciones para encontrar un camino”, “El pájaro”, “La palabra libertad” y “Si hubiéramos tenido una casa” pueden figurar en cualquier antología. En los trece restantes, la fácil solución, el lugar común y cierta dosis de snobismo impiden la valoración positiva global del poemario, dedicado –como su nombre proclama- a la manifestación del sentimiento amoroso.

5. Monólogo de un condenado a muerte

En Monólogo de un condenado a muerte encontramos un giro temático que el mismo título anuncia: el pesimismo, la amargura, la pérdida de la juventud, la destrucción de los sueños, la desolación frente a la soledad, la muerte, jalonan los trece poemas y nos conducen a un mundo vacío de solidaridad y esperanza.

6. Ciudad de los dragones

Los dragones, símbolo de agresividad, sirven de acápite sintetizador de la intención de Pompeyo del Valle: trazar sin concesiones laudatorias, aunque con un gran sustrato de amor y fascinación el perfil de Tegucigalpa. Diecinueve poemas bastan para ello.

7. Duración de lo eterno

Conforman este libro diecinueve poemas en donde el tratamiento del tema del amor no logra conmovernos. Sin excepción: soluciones fáciles, adjetivación vacía, lugares comunes y planteamientos carentes de novedad. Duración de lo eterno, un traspiés en la bibliografía del poeta Pompeyo del Valle.


Bibliografía: Umaña, H. (1992) Ensayos sobre literatura hondureña.Tegucigalpa, Honduras. Editorial Guaymuras.

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